La Ilustración, con su énfasis en la razón y la individualidad, contribuyó al desarrollo del hábito de la expresión personal. El romanticismo, con su foco en la emoción y la imaginación, también influyó en la valoración de la autoexpresión y la creatividad.
Asimismo, la valoración de la eficiencia y la productividad se refleja en la forma en que se organizan las empresas y las instituciones, y en la forma en que se evalúa el desempeño y el éxito.
Sin embargo, Bellah y sus colaboradores también argumentan que estos hábitos del corazón pueden tener consecuencias negativas, como la erosión de la comunidad y la solidaridad social.