Tarjeta Roja Directa Pirlo -

El ambiente era tenso. Los portugueses no se guardaban nada. El marcador favorecía a los locales 1-0 gracias a un gol de Kaka, pero el Benfica presionaba con violencia y astucia. Fue en este caldo de cultivo donde explotó la olla a presión. La tarjeta roja directa Pirlo llegó en el minuto 87 del partido. El cronómetro marcaba el final del encuentro. Pirlo recibió un balón en tres cuartos de cancha, de espaldas a la portería. Instintivamente, intentó realizar su movimiento característico: recibir, proteger con el cuerpo y girar para habilitar a un compañero.

No. Esta fue la única tarjeta roja directa (sin pasar por la amarilla) que recibió en toda su carrera profesional.

En sus memorias, lo minimizó con humor, diciendo que a veces el fútbol necesita "recordatorios físicos", pero admitió que no fue su mejor momento deportivo. tarjeta roja directa pirlo

Así que la próxima vez que alguien diga que Pirlo era un jugador suave o de cristal, usted muestre el vídeo del 4 de diciembre de 2007. La imagen de la ondeando en el San Siro, mientras el genio italiano caminaba hacia la banda con el ceño fruncido, es el mejor recordatorio de que hasta los dioses griegos se enojaban.

El rival, el Benfica, dirigido por el técnico español José Antonio Camacho, necesitaba desesperadamente la victoria para seguir con vida en el torneo. El partido era de alto voltaje emocional. El Milan, ya clasificado como primero de grupo, salió con una mezcla de titulares y suplentes, pero Pirlo estaba en el once inicial. Era su territorio. El ambiente era tenso

Las cámaras captaron a Pirlo, con la mirada baja hacia el césped, levantando su bota derecha y plantándola con violencia en el muslo de . No fue un pisotón, sino una entrada directa a la pierna de soporte del adversario. El árbitro español Manuel Mejuto González no lo dudó: silbato a la boca, mano al bolsillo y cartulina roja directa al aire.

Pirlo nunca se disculpó efusivamente por esa entrada porque, en el fondo, sabía que el fútbol también es eso: territorio, orgullo y, a veces, furia. Nuno Gomes declaró años después: "Me dolió, pero fue un honor. Es la única vez que vi a Andrea perder la cabeza. Por extraño que suene, me sentí importante". Fue en este caldo de cultivo donde explotó

Pero ahí estaba el portugués (delantero histórico del Benfica) pegado a su espalda. La presión era asfixiante. Mientras Pirlo intentaba domar el esférico, el defensa brasileño Luisão se sumó al quite. En una fracción de segundo, el balón quedó suelto. Lo que ocurrió después fue una explosión de furia atípica.